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Aventuras Fotocreativas
Sofía Arellano Solares: Abrir una ventana, del otro lado del mundo.

Sofía Arellano Solares: Abrir una ventana, del otro lado del mundo.

 

«El curso fue emocionante, vi muchas cosas nuevas en lugares conocidos.»

 



Primera Cortina: Al girar la bailarina, Sofia abrió una ventana y las palabras flotaron con el viento que entraba.



Antes de este curso, Sofía veía el mundo con otros ojos. Bueno, con los mismos, pero de una forma distinta. Como si le hubieran enseñado a leer en un idioma nuevo. Ahora, cada sombra, cada reflejo, cada destello de luz no se desvanece o pasa inadvertido. Porque que la realidad no es solo lo que vemos, sino cómo decidimos mirarla.

Tal vez, si miramos bien, descubramos que el mundo tiene más secretos de los que imaginamos.

¿Estás prestando atención?

Mira bien. La bailarina y la joven fotógrafa están conversando, el rojo de su vestido es sangre en dos corazones a punto de estallar. Y más allá, sus sombras flotan sobre el piso reticular.

¿Cómo lograste capturarla justo en ese instante? — le preguntó Axel, su compañero en clase.

Sofía encog sus hombros. Pero no fue solo la cámara. No fue solo la luz que ajustaron entre todos, ni la velocidad del obturador. Fue el instinto y saber que la danza no solo ocurre en los pies o en los brazos, hubo palabras que nadie de nosotros pudo escuchar.

Sofía y la bailarina fueron cómplices en un momento a punto de desaparecer. Entonces lo recordé. Una vez me contó que a veces siente que el mundo se desvanece. Pero no lo dijo de forma dramática, la señorita lo afirmó con certeza.



Segunda Cortina: La joven fotógrafa aprieta las manos y atrapa un instante en el aire.



Sofía, con tan solo 18 años, ha aprendido a mirar. No con prisa y distracción, sino con una paciencia antigua, como si sus ojos fueran pequeñas ventanas a mundos que nadie más ha notado.

Uno de los mayores desafíos que enfrentó Sofía fue el dominio de la luz y la técnica del flash. Sin embargo, a través de la práctica constante, fue capaz de perfeccionar su habilidad para capturar la atmósfera adecuada en cada toma, aprendiendo a moldear la luz como una verdadera herramienta narrativa.

Y lo mejor: aprendió a emocionarse con lo que ve.

¿Qué fue lo más difícil? — Le pregunté.

Aprender a controlar la luz.

¿Y lo más emocionante?

Darme cuenta de que ahora veo cosas que antes no veía.

Quizá por eso su cámara se ha convertido en su aliada. Con ella, guarda esos segundos frágiles que parecen a punto de escurrirse entre los dedos. Trata los instantes como si fuera algo frágil, con paciencia, para que no se expongan todos los secretos.

Porque no todo en el mundo de Sofía es movimiento. También está la quietud. La pausa. El misterio.

Entre los estantes de la Biblioteca Vasconcelos, tomó la foto de la silueta de un lector, apenas una colorida sombra. No se ve su cuerpo ni su rostro, solo una figura entre anaqueles repletos de historias y el amor que ella le tiene a la literatura. Como en los relatos de magia y suspenso que siempre lee, esa imagen deja más preguntas que respuestas.

Cada imagen que captura nos arroja lo cercano, dulce y vertiginoso, la joven mirada donde la realidad se tiñe de su poesía, literatura y cine. Abre la ventana y vuelca todo, en el eco de mundos escondidos que ha vivido.

—¿Quién es? —le preguntaron al ver la foto.
—No tengo idea —respondió ella, sin dejar de mirar la imagen.

Y no estaba mintiendo. Encontró que su fotografía se parece a los cuentos que ama, deja pistas, pero nunca revela todo el misterio. Les repito, es la intuición de esta joven.

Desde que empezó su gusto por la fotografía, su hermana menor ha sido su modelo. A veces fotografiaba o videogrababa su rostro, jugando con la complicidad que solo existe entre hermanas, buscando todo lo que ella esconde.

Sofía no solo perfeccionó su técnica: Aprendió a iluminar escenas y a narrar desde sus recuerdos, sin usar palabras de más. Y sobre todo, encontró la forma visual de los secretos, que la acompañará en cada proyecto futuro, sea en fotografía, cine, artes visuales o cualquier camino creativo que elija recorrer.

Como ella, muchos estudiantes llegan sin imaginar todo lo que son capaces de ver, hasta que sostienen una cámara y encuentran una nueva manera de habitar el mundo.

El curso fue emocionante, vi muchas cosas nuevas en lugares conocidos. – Dijo al despedirse, antes de viajar al otro lado del mundo persiguiendo sus sueños. Y espero que cuando regrese me cuente más de sus aventuras literarias y me enseñe fotos de todo lo nuevo que pudo ver.

Sigue su trabajo creativo en: @ftos_de_tus_ojos


Quienes tengan la oportunidad de verla trabajar —en fotografía, cine, artes visuales o cualquier otro camino que elija—, descubrirán a una creadora en evolución, una narradora visual que sigue ampliando las ventanas de su mundo.

Sofía Arellano Solares ha demostrado talento, disciplina y una intuición artística única. Confío plenamente en su capacidad para seguir creciendo y dejando huella en el arte.

Atentamente,
Profesor Mauricio Ángeles
del Taller de Fotografía Creativa
Director de Proyectos y Premio Nacional de Periodismo 2024

 


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